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Martes de corazón

ABECEDARIO (7)


 

Martes de corazón

ABECEDARIO (4)


 

FRASES II (3)


 

Serie: Flores Imaginarias no. 46

Flores imaginarias II (12)


 

Ni nos vimos

Ni nos vimos.

Yo llego temprano.

Él llega diez años más tarde o viceversa.

Nos dedicamos gestos,

dejamos señales, incógnitas y acertijos en cada lugar que estuvimos,

nos hubiera gustado andar

o vamos a recorrer.

Descubro

un guiño,

un mensaje escrito en la pared, en esa esquina en la que nos dimos cita.

Justo ahí hay una casa de lotería.

Nos prometimos que cada uno iba a jugar a la quiniela los números que nos tocaron en las galletas de la fortuna.

Esa esquina me es familiar.

Es parte de mí historia.

Esa esquina me afecta.

Justo por ahí transita mí parte desencajada,

todos los días.

Después,

esa parte queda inmóvil en Rodríguez Peña y Moriondo

y tiende al sol los jeans que relatan la infinita espera.

Los encuentros a destiempo son una constante.

Hacemos de la presencia y el recuerdo del otro un ritual.

Nos invocamos, nos adoramos y nos recordamos.

Nos dejamos besos en los árboles de regalo.

Comenzamos para seguirnos y retorno

a lo silvestre,

a lo celestial desconocido,

a las energías que vibramos.

-♥-


Anochece domingo

Anochece domingo.

El calor eleva los cuerpos.

Todo se ralentiza.

Vuelvo en un tren lleno de vagones tristes. Los pasajeros que viajan no hablan ni sonríen. Reconozco en sus rostros la resistencia a toda obligación escolar o laboral de lunes por la mañana.

Después de una hora y media de desplazamiento y conexiones sobre distintos rieles, asciendo de zonas subterráneas. El humo a choripán y la espuma en aerosol marcan temporada de carnaval en la ciudad.

Unos minutos más tarde, uso el nuevo sistema de seguridad electrónica para ingresar a mi casa. La falta de costumbre hace que busque a Hugo para saludarlo y que me desee buenas noches.

Mientras me dirijo al ascensor pienso: perversa clase media que reemplaza en sonidos y teclados a un recurso humano que serenaba durante las noches. Las paradojas del sistema de seguridad de hoy hacen que tenga más miedo que ayer.

Te voy a extrañar Hugo. Gracias por despedirte de mí con la calidez de siempre.

Llego a mi departamento.

El encierro caluroso me abrasa.

Me saco el jean y el corpiño a la velocidad de la luz.

Enciendo la computadora y elijo escuchar “Tomorrow night” de Elvis Presley.

Programo el lavarropas mientras voy pensando en que la siguiente oración debe ser el final de este relato:

Enciendo uno de los sahumerios que me curan.

-♥-