Flàneur

Me muestra las fotos que coagulan su historia trágica.

Le digo que es precioso desde que nació.

Me propone que vayamos juntos a todos los eventos familiares que tienen nuestras familias.

Le presento a mí padre, más precisamente su Facebook. Me dice que entre ellos tienen algo en común.

Me cuenta que tiene ganas de volar, de estar muy lejos de acá y yo le creo.

Me dice que se divierte recorriendo las góndolas de los supermercados chinos, los grandes bazares y las jugueterías del barrrio.

Me mostró el árbol que más le gusta, ese en esta época tiene hojas amarillas y se desprende de sus semillas.  

Me prometió que me iba a enseñar. Lavarme los dientes correctamente y a cocinar una torta de limón con glacé.

A él le importa poco y nada el mundial,  y me invitó a su cama para que sienta cómo vibra su cuerpo los domingos por la tarde.

-♥-


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Sur de Bolivia

  • ¿De dónde vengo?

Del sur de Bolivia.

Veo atardeceres desde el aire, amanezco sobre rocas que me contienen del susurro del viento nocturno.

Tengo la cara reseca y los labios partidos por estar a la intemperie durante largas caminatas diarias.

  • ¿Dónde estoy?

En fin del mundo.

Me rodean compañeros de ruta, amigos y vecinos de la misma aldea de vidas pasadas.

  • ¿Qué me preocupa?

Lo que voy a soñar esta noche.

Puede ser algo maravilloso y sorprendente como haberme cruzado en una esquina a mi amor sin haberlo planeado. O quizás soñar con la vieja paralítica de ojos desorbitados y el hombre adulto desvencijado que apenas puede trasladar semejante silla de ruedas con la mujer de ojos exagerados.

  • ¿En qué me comparo?

En lo emocional.

No quiero terminar borracha con mi marido en mi casamiento y ver mi alrededor carente de afecto.

  • ¿Qué extraño?

Sus caricias y su forma de arroparme.

También que me pregunte qué quiero almorzar cuando iba de visita.

  • ¿Por qué la escucho?

Por compasión.

Porque me siento reflejada en esos espacios de desesperación. Por inquietud, porque no quiero olvidarme de dónde vengo, del sur de Bolivia.

-♥-


Reverendo huevo


 

Celebrá AMAR.jpg


 

Italia amore mio

Anhelo tuyo,

No puedo contestarte todas las preguntas que me hacés a diario. Es imposible. Prefiero elegir una de ellas y responderte.

¿Qué es lo que más me gusta del viaje?

Los parques, los caminos de tierra resbaladizos que no se pueden transitar porque están cubiertos por una capa de hielo.

Lo que sí quiero contarte es que me casé dos veces. La primera fue en París.

“Italia amore mio” lo tenía tatuado en su antebrazo izquierdo. Pude tocar su piel llena de tinta después de la segunda cerveza, cuando me explica por qué se tatuó esa frase.

Me acuerdo que se llamaba François y era diseñador web de moda. Era muy alto, flaco y joven. Vivió un tiempo en Milán y ahí conoció un amor no correspondido. Me dijo que sufrió mucho tiempo y decidió recordar ese momento de su vida tatuándose.

Él como el resto de los mortales franceses vestía impecable. Esa noche llevaba puesta una polera azul que no dejaba ver su cuello y un saco negro que le quedaba perfecto.

Puedo confesarte que de tanto visitar museos distingo el drapeado italiano renacentista al segundo. François, querido mío, era un monumento más.

Lo conocí una noche fría, antes de que anunciaran la ola polar más importante de los últimos años en Europa. Él bailaba con sus amigos y yo con los míos, unos al lado de los otros. Enseguida empezamos a bailar todos juntos.

Me impactó la palidez de su amigo polaco. Lucía una camisa blanca con flores azules y lo combinaba con unos tiradores color amarillo, rosa y azul bien saturados.

Me divertí viendo su propio juego, bailaba con una estola de piel marrón que llevaba en sus manos. Se le acercaron varios hombres. Los rechazó a todos menos a una pareja de tipos que los besó, los tocó, los apretó en el medio del bar. Más tarde me confirma que no le gustaba ninguno de ellos.

Vuelvo a François, me dijo que tenía un don, leer a las personas. Me leyó, descubrió un secreto mío y por eso me casé.

Antonio fué mi segundo marido. Nos empezamos a besar en Buenos Aires a principios de diciembre y lo visité en su tierra natal.

Las veces que nos encontramos olía a amor, a sexo de la noche anterior con otra pero no me importaba porque lo que buscaba era que me besara con todo su cuerpo.

Vimos juntos “ Horace and Pete “ de Louis C. K. tirados en su cama. Escuchamos marchas nupciales al amanecer y vimos los casamientos más importantes de la realeza Europea.

Nos juramos amor eterno y volvernos a ver pero lo dejamos librado al azar.

-♥-