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Martes de corazón

Martes de corazón II (11)


 

De Tinder a Whatsapp

Bueno, respondo tus preguntas:

– ¿Qué voy hacer de divertido ésta semana?
Hacerme un tratamiento de Keratina en el pelo

– ¿Cuántas veces  me cepillo los dientes al día?
De 0 a 3 veces

– ¿A qué le temo?
A la perfección

– ¿Qué hago cuando tengo insomnio?
Me masturbo

– ¿Qué hago cuando estoy nerviosa?
Como

– ¿Qué hago cuando estoy feliz?
Como

– ¿Qué hago cuando me siento sola?
Como

– ¿Qué extraño?
Los abrazos de mi abuela

– ¿Que niego?
Mi paranoia

– ¿Si pido disculpas?
Casi nunca

– ¿Si creo que la misma persona es capaz de generarse enfermedades?
Obvio que si

-¿Si les digo que los amo a mis familiares?
No

-¿Qué consejo te diría?
Cuestioná todo

– ¿Con qué ropa duermo?
Con la que usé todo el día

-¿Lo primero que hago al llegar a mi casa?
Ir al baño y mirar Instagram

-♥-


Sábado texturado

SABADOS TEXTURADOS BIS (5)-1


 

Durante todo este tiempo

Me pregunta qué han visto mis ojos durante todo este tiempo.

Relato que hice un esfuerzo casi sobrenatural para acordarme que debo ser más permeable a lo que me rodea, a otras posibilidades de mundo, a otras formas de pensar.

Después me quedo callada. Miro fijamente un estante de su inmensa biblioteca que se encuentra en frente de mí. De reojo la veo sonarse la nariz con un pañuelo de tela color marrón con rayas en los bordes. Esos pañuelos de hombre que se usaban (ya casi) en una época remota. Esos pañuelos que se vendían sueltos o en un paquete de tres.

Escucho de fondo su teléfono que está en vibrador y cómo sube y baja el ascensor llamado por casi todos los pisos de ese edificio arruinado con balcones pintados de color violeta, símil centro de estética barrial.

En ese momento pienso que me voy a quedar muda para siempre. Que no voy a pronunciar ni una sola palabra más porque ya no es necesario. Esta idea es muy amiga de otra idea con la que fantaseo a veces. La idea de saltar del andén al mismo momento en que llega el subte, sólo para saber qué se siente.

Pero no puedo sostener el silencio y entonces le cuento que estuve en muchos mundos; que sentí en el otro un profundo arrepentimiento amoroso; que vi tristeza sin ánimo de cambiar; que tuve la necesidad de ser amada; que he partido media docena de huevos con doble yema; que escuché los pasos de un hijo entrando a la casa deshabitada de su madre, todos los días, cinco minutos para después irse;  que estuve embarazada, tenía una panza perfecta de redonda, mi piel era tersa y bien morena. A punto de dar a luz, cruzo la calle contra la corriente,  nadando con mi panza y sosteniendo a mi hermano del cuello para que no se ahogara. Llego a la puerta del Teatro General San Martín toda deshecha, descalza y con los pies sucios. Me siento avergonzada.

Entonces le digo que no sé más que contarle. Ella no dice nada. Yo me despido y le digo que ya se puede ir, que nos vemos la semana que viene a la misma hora.

-♥-


Sábado texturado

SABADOS TEXTURADOS BIS (4)


 

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