De Tinder a Whatsapp

Bueno, respondo tus preguntas:

– ¿Qué voy hacer de divertido ésta semana?
Hacerme un tratamiento de Keratina en el pelo

– ¿Cuántas veces  me cepillo los dientes al día?
De 0 a 3 veces

– ¿A qué le temo?
A la perfección

– ¿Qué hago cuando tengo insomnio?
Me masturbo

– ¿Qué hago cuando estoy nerviosa?
Como

– ¿Qué hago cuando estoy feliz?
Como

– ¿Qué hago cuando me siento sola?
Como

– ¿Qué extraño?
Los abrazos de mi abuela

– ¿Que niego?
Mi paranoia

– ¿Si pido disculpas?
Casi nunca

– ¿Si creo que la misma persona es capaz de generarse enfermedades?
Obvio que si

-¿Si les digo que los amo a mis familiares?
No

-¿Qué consejo te diría?
Cuestioná todo

– ¿Con qué ropa duermo?
Con la que usé todo el día

-¿Lo primero que hago al llegar a mi casa?
Ir al baño y mirar Instagram

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Tarta de carne

Enciende el horno mientras se dispone a cortar dos cebollas y un morrón. Me dice que está harta de todo y de todos.

Agarra una sartén, coloca aceite, los vegetales cortados y me dice que desconfía de la moralina exaltada de estos tiempos.

Que muchos de los hombres que conoce se hacen los correctos y que están a favor de la causa cuando son los primeros que incentivan coger sin forro y a decir que no pasa nada en “meter solo la puntita”. Enciende la hornalla, pone la sartén y mientras los vegetales se doran empieza a gritar que un verdadero hombre es aquel que se hace la vasectomía, que es gratuita, reversible y una operación ambulante.
Que no soporta ver cómo el mundo está a favor de tajear conchas y desangrar úteros.
Trato de seguir su receta. Salpimienta la cebolla y el morrón cocido y agrega el medio kilo de carne picada magra. Me dice que está podrida de escuchar que muchas mujeres, una vez en la vida, han sufrido algún tipo de abuso por parte de alguien cercano o de un total extraño.
Que no puede creer que las mujeres no pidan sexo oral en la primera cita pero que está aceptado que el hombre si lo puede tener.

Pasan diez minutos y coloca una tapa de tarta hojaldrada en una asadera, el relleno y varias rebanadas de queso fresco encima. Me dice que la primera vez que le acabó un tipo adentro suyo no le gustó. Que cuando fue al baño y expulsó todo el semen contenido dentro de ella se sintió sucia y avergonzada.
Me pide que preste atención, que lo más importante de la receta es que el relleno esté cocido, que el repulgue esté bien hecho.

-🖤-


Durante todo este tiempo

Me pregunta qué han visto mis ojos durante todo este tiempo.

Relato que hice un esfuerzo casi sobrenatural para acordarme que debo ser más permeable a lo que me rodea, a otras posibilidades de mundo, a otras formas de pensar.

Después me quedo callada. Miro fijamente un estante de su inmensa biblioteca que se encuentra en frente de mí. De reojo la veo sonarse la nariz con un pañuelo de tela color marrón con rayas en los bordes. Esos pañuelos de hombre que se usaban (ya casi) en una época remota. Esos pañuelos que se vendían sueltos o en un paquete de tres.

Escucho de fondo su teléfono que está en vibrador y cómo sube y baja el ascensor llamado por casi todos los pisos de ese edificio arruinado con balcones pintados de color violeta, símil centro de estética barrial.

En ese momento pienso que me voy a quedar muda para siempre. Que no voy a pronunciar ni una sola palabra más porque ya no es necesario. Esta idea es muy amiga de otra idea con la que fantaseo a veces. La idea de saltar del andén al mismo momento en que llega el subte, sólo para saber qué se siente.

Pero no puedo sostener el silencio y entonces le cuento que estuve en muchos mundos; que sentí en el otro un profundo arrepentimiento amoroso; que vi tristeza sin ánimo de cambiar; que tuve la necesidad de ser amada; que he partido media docena de huevos con doble yema; que escuché los pasos de un hijo entrando a la casa deshabitada de su madre, todos los días, cinco minutos para después irse;  que estuve embarazada, tenía una panza perfecta de redonda, mi piel era tersa y bien morena. A punto de dar a luz, cruzo la calle contra la corriente,  nadando con mi panza y sosteniendo a mi hermano del cuello para que no se ahogara. Llego a la puerta del Teatro General San Martín toda deshecha, descalza y con los pies sucios. Me siento avergonzada.

Entonces le digo que no sé más que contarle. Ella no dice nada. Yo me despido y le digo que ya se puede ir, que nos vemos la semana que viene a la misma hora.

-♥-


BHI

Viajamos en un 737, destino: Bahía Blanca, Buenos Aires.

Durante todo el viaje hablamos de lo importante de la función del embrague y las diferencias entre un auto, la moto y un cessna. Hablamos de las 4×4 que más nos gustaban y él me pidió que recuerde una palabra que me dijo al oído.

Llegamos. El avión aterrizó como debía ser y él sonrió.

El aeropuerto funciona como un aeropuerto militar y comercial a la vez. Hay poca gente y es pequeño. Tiene un barcito, hay varios mostradores de aerolíneas de cabotaje, principalmente de Aerolíneas Argentinas / Austral y los mostradores próximos a usar por Flybondi.

Coloco mi celular en una estación de carga que está cerca de la televisión, donde transmitían el partido Nigeria -Islandia.

El día estaba soleado, había pocas nubes y un frío de cagarse. Mientras nos dirigimos a la ciudad, pienso nuestro viaje necesita continuar por mucho más tiempo. ️

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Relato corto

Terminamos de ver la primera temporada de Fargo, una serie que muestra el esfuerzo constante de negar los hechos ocurridos, la inoperancia de la gente que tiene poder para reestablecer legalmente el orden y la gente que tiene poder de cometer justicia por mano propia, gratuitamente.
Netflix hace todo lo posible para que consuma sus contenidos 24/7, pero es imposible ya que las obligaciones cotidianas de rédito económico no me lo permiten.

Como nadie me mantiene económicamente me contento con escribir un relato ínfimo para mantener mi escritura, que poco a poco va menguando.

Me interesa pensar en la toma de decisiones. Es un tema universal de la humanidad, pienso ahora.

Lo veo en Fargo, lo veo de forma palpable en una reunión con gente del palo creativo y afines a cuestiones educativas, y lo veo de forma interdisciplinaria a través de Brigitte Luis Guillermo Baptiste, bióloga colombiana, experta en temas ambientales y de biodiversidad.

Siento mi cuerpo atravesado por la densidad de lo complejo y por los cambios y sus efectos.

Siento que hay un doble juego perverso. Una acción ambivalente entre erradicar la incertidumbre, destruir lo incómodo y lo que produce angustia, y por el otro lado siento que se impone un deber por cuestionar los paradigmas que gobiernan mi realidad, por combinar ideas disruptivas que agreguen valor a mi vida.

Ambos caminos serán recorridos en tiempos no lineales, fragmentados, contradictorios y no menos, conflictivos.

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Un hombre

Un hombre con lentes de marcos gruesos y oscuros  me recomienda un libro sobre el concepto de lo íntimo.

Le pregunto la definición precisa de ese concepto y me dice, muy vagamente, que es aquello que no se puede definir por lo verbal, aquello que deviene del campo de lo gestual.

Lo íntimo como lo diferente a lo privado. Esos pequeños movimientos que encierran algo muy personal y que el ojo ajeno (si no está entrenado) no lo capta, no lo percibe como un signo, lo pasa por delante.

Desde aquel encuentro rastreo signos de lo íntimo por donde vaya, todos los días. Quiero creer que reconocí algunos, los que me afectaron, los que recuerdo, los que configuran mi estar siendo.

Vi un hocico redondo, perfecto y húmedo de un perro en una mañana fría.

Rocé contra una mano izquierda ajada y tatuada de una chica que subió en la parada del colectivo del Hospital Posadas.

Comprobé que mi familia, en su silencio cómplice, grita descontento y soledad.

Me estremecí al ver que la ideología se transforma en Todo Moda.

Sospeché que el problema era mucho más delicado que un accidente en auto.

Oí a un hombre de 92 años que quiere vivir hasta los 110 años, solo para pasar el récord de su madre que vivió hasta los 106 años.

Me acerqué a su escritorio y ella me mostró orgullosa las fotos del nacimiento de su hijo prematuro y entubado.

Lamenté como unos hermanos se escudan detrás de adicciones, con tal de no enfrentar a sus padres.

Reconocí aquello que dije nunca más y lo vuelvo hacer.

Me conmoví cuando descubrió un anhelo de mi adolescencia.

Y me entristecí al despedirme y al saber que crecer, ineludiblemente, duele.

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Emociones

A veces, un shock de emociones me dejan sin habla. Se me va la voz y siempre el estrés lo manifiesto en mocos. Le contaba esto a la depiladora  mientras me pidió que abriera bien las piernas y me quede flojita para pasarme cera en el cavado.

Cualquier persona que se depila con el sistema Español sabe de qué estoy hablando. La depilación es incómoda, es un sufrimiento, es una condena donde el sexo, la intimidad y el pudor de una se juegan en esa media o una hora que una está tirada en una camilla.

Las charlas con las depiladoras que se encuentran en plena faena de pelos varían según los astros, la época del año, el humor, el horario del día y el azar. Los temas de la conversación oscilan entre una charla trivial hasta la más privada confesión.

Últimamente tengo una seguidilla de situaciones que no me las espero. Tres depiladoras en distintos momentos me comentan lo que les preocupa y puedo decir que la realidad aparece de un tirón, en el mismo momento que desaparece el vello de mi pelvis.

Emilia, la primera de ellas me comenta sobre su hermana. Todos los detalles de una chica desesperada porque la dejó su marido con mellizos de menos de un año, con tres perros, sin trabajo y un inminente desalojo de la casa. Emilia termina confesándome que quizás la hermana siempre estuvo envidiosa porque su pareja (con su marido recién difunto) era perfecta.

La segunda de ellas es pelirroja. Creo que se llama Viviana pero no recuerdo. Siempre hablamos de viajes, de sus hijos y de su fracaso matrimonial. Hay algo que se repite, las depiladoras eligen pésimo a los hombres porque siempre las abandonan y ellas sostienen todo. Por suerte hay final feliz, hasta lo último que yo sé, conoció a un señor  muy simpático en clases de baile de rock.

La última de ellas es la primera vez que me atiende. Me comenta que su hija no le “dio trabajo” durante la Secundaria pero que ahora sí porque no estudia, no trabaja y se la pasa todo el tiempo con el noviecito. Me cuenta esto pero en verdad lo que le preocupa es la culpa por atender a otro de sus hijos que es esquizofrénico y que siempre estuvo detrás de él y no de su hija.

Mientras la depiladora busca más cera para terminar el trabajo en la parte trasera de mis piernas, escucho una conversación entre Emilia y una viejita. Ésta última hace su confesión. Cuenta que tuvo cuatro hijos pero que uno falleció. Me quedé paralizada mientras la viejita narraba la trágica historia. Su manera de relatar era tan simple, dulce y serena que pude sentir el interminable dolor de una madre al perder a un hijo.

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Los lunes

Los lunes de fin de mayo me entreno en ser voyeur de lo cotidiano.

El primer día hábil de la semana me dedico a observar.

Y hago el ejercicio de no perder vista lo absurdo del presente.

El micro ingresa a Retiro por el lado del inconmensurable bloque de cemento y desdichas en donde se ofrece mate de té y ceviche bien temprano.

El barrio está cercado por bolsas de supermercado reutilizables, llenas de basura.

Ese barrio tiene un paredón enorme, casi de la extensión de la muralla china, y sobre él tiene pintado la siguiente leyenda en aerosol negro: “Seguí participando. Gracias”

Al terminar de leer esa frase, resignifico todo lo que vi antes de que el micro ingrese a Retiro y llego a la conclusión de que todo expulsa.

Los lunes expulsa cuerpos que avanzan a paso de zombies hacia edificios que parecen dignas torres de la tierra de Mordor.

Los lunes arroja cuerpos desechados sobre las puertas de los cajeros de los bancos o al costado de las puertas de los supermercados.

Los lunes de sol de otoño hacen que broten ansiedades y cuerpos productivos de las bocas de subtes y que se empujen entre ellos.

Los lunes de fin de mayo escribo pequeños, infantes y microrrelatos como éste.

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Copy of Frases (8)


 

Extensas hojas verdes

Caminamos por una arboleda un día de semana. Fantaseo salvajemente. El sol tibio de la tarde no calienta lo suficiente. Me distraigo enormemente. Siento la humedad del paisaje. Fluctúo. Estoy entre troncos anchos, entre inmensas ramas y en extensas hojas verdes. No me hidrato. Como carbohidratos. Distingo tres invernaderos construidos en hierro y vidrio. Pienso seriamente en el baño o en los ascensores. Hay especies de árboles de Oceanía, África y Europa. El cambio se impone. Se decretan que las cosas surgen de la nada. Que producen angustia e incomodidad, y que perturban o distorsionan mi mirada. Está callado. Abraza los troncos lisos. Asusta a las palomas desde un banco cercano. Ahí me pregunto: ¿Por qué construí mi punto de vista fijo e inmóvil? Me enseña a tirar piedras correctamente. Baila, corre, sonríe y me besa.

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Flàneur

Me muestra las fotos que coagulan su historia trágica.

Le digo que es precioso desde que nació.

Me propone que vayamos juntos a todos los eventos familiares que tienen nuestras familias.

Le presento a mí padre, más precisamente su Facebook. Me dice que entre ellos tienen algo en común.

Me cuenta que tiene ganas de volar, de estar muy lejos de acá y yo le creo.

Me dice que se divierte recorriendo las góndolas de los supermercados chinos, los grandes bazares y las jugueterías del barrrio.

Me mostró el árbol que más le gusta, ese en esta época tiene hojas amarillas y se desprende de sus semillas.  

Me prometió que me iba a enseñar. Lavarme los dientes correctamente y a cocinar una torta de limón con glacé.

A él le importa poco y nada el mundial,  y me invitó a su cama para que sienta cómo vibra su cuerpo los domingos por la tarde.

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A lo sumo

A lo sumo pasaron cuatro años.

Me repito, sin saberlo, hasta que lo compruebo.

No encuentro el texto que debo leer para un examen oral. 

Lo perdí.

Lo vuelvo a comprar. 

Lo vuelvo a leer. 

Otra vez subrayo los mismos renglones, donde se cita a Mallarmé.

Me reitero  y dibujo en el borde de las fotocopias un corazón (me apropié del código de Martina para destacar citas adorables pero que poco tienen que ver con las ideas principales del texto para dar una exposición oral).

El poeta y crítico Francés vinculado a la previa de las Vanguardias Históricas del S. XIX expresó que era más interesante que la prensa destaque los sueños de cada habitante de París, que acontecimientos políticos. Creo que por ahí va la cosa.


Sur de Bolivia

  • ¿De dónde vengo?

Del sur de Bolivia.

Veo atardeceres desde el aire, amanezco sobre rocas que me contienen del susurro del viento nocturno.

Tengo la cara reseca y los labios partidos por estar a la intemperie durante largas caminatas diarias.

  • ¿Dónde estoy?

En fin del mundo.

Me rodean compañeros de ruta, amigos y vecinos de la misma aldea de vidas pasadas.

  • ¿Qué me preocupa?

Lo que voy a soñar esta noche.

Puede ser algo maravilloso y sorprendente como haberme cruzado en una esquina a mi amor sin haberlo planeado. O quizás soñar con la vieja paralítica de ojos desorbitados y el hombre adulto desvencijado que apenas puede trasladar semejante silla de ruedas con la mujer de ojos exagerados.

  • ¿En qué me comparo?

En lo emocional.

No quiero terminar borracha con mi marido en mi casamiento y ver mi alrededor carente de afecto.

  • ¿Qué extraño?

Sus caricias y su forma de arroparme.

También que me pregunte qué quiero almorzar cuando iba de visita.

  • ¿Por qué la escucho?

Por compasión.

Porque me siento reflejada en esos espacios de desesperación. Por inquietud, porque no quiero olvidarme de dónde vengo, del sur de Bolivia.

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Baño de mujeres

Entro al baño de mujeres.

La mesada del baño es de granito rojo y negro, la bacha de acero inoxidable está empotrada en la mesada y brilla desmedidamente. Hay una canilla monocomando cerrada y en la pared hay un gran espejo sin marco, casi de cuerpo entero. Veo mi imagen reflejada en él.

Alguien aparece. Es más alto que yo. Una sombra robusta que me envuelve. No me acuerdo su rostro pero me es familiar.

Tengo el pelo atado, una cola de caballo bien alta.

Soy de fácil agarre y me manipula hasta dejarme rápidamente inmovilizada.

Los movimientos fueron seguros y precisos.

No me escapo, no grito, no lloro.

Tengo un brazo alrededor de mi cuello. Hace que me mire así de indefensa frente al espejo.

Me miro un rato largo en esa situación. No me dijo nada, no hacía falta.

Y con mucha fuerza golpea mi nariz contra el frío filo de la mesada granito rojo y negro.

Una, dos, cuatro veces.

Entre cada golpe seco me veo al espejo. Mi nariz se deforma hasta quedar destrozada. Se ensancha y se desangra.

No siento nada.

Salgo del baño de mujeres, vuelvo a mi oficina, me siento frente a la computadora y continúo con mi rutina laboral.

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Gesto comunicacional

Mi papá no me saluda en la calle.

Nos cruzamos, llevaba una bolsa blanca de esas que se compran en los supermercados chinos en la mano izquierda, me miró pero no me saludó.

Me crucé, en la esquina donde vivo, a mi prima tan querida, con la que pasamos infinitos cumpleaños durante esa infancia de abundante ignorancia y no nos saludamos.

Coincidimos en subir las escaleras principales de mi trabajo con mi gran compañera laboral, con la que compartimos la cotidianidad más mundana y necesaria, y ni siquiera nos dirigimos la palabra.

Me mira mi novio a la distancia, le grito y le hago señas, me ve pero ingresa a su departamento.

Mi jefe, el portero de mi casa, mi mamá, mi hermano más chico, mi terapeuta, mi vecina de enfrente, mi abuela materna ya difunta y mi cuñada me ven, me cruzo con ellos, coincidimos en mismos espacios pero ninguno realiza un gesto, un acto comunicacional, para hacerse notar.

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